martes, 19 de mayo de 2009

Contra-creatividad

Tu irradiante estupidez me desatina.
Me lastima con sus torpes latigazos
esgrimidos ciegamente.
Con sus uñas afiladas,
intentando aferrarse a cualquier cosa
fieramente.

Me derrumbas con tu estrecha ineptitud.
Me constriñes y etiquetas,
simplificas mis sentidos
y atenazas mis ideas.

Me reduces a tu enfoque
para poder controlar
mi inaprensible derroche
de humana fugacidad.

lunes, 11 de mayo de 2009

Tierra

Quiero llegar a tus ramas cuajadas de flores
e impregnarlas con mi olor a primavera.
Dejarte sola y fugaz,
pura y entera,
irradiando pasión coloreada.

Tenerte cerca y que el solo rumor de tus pupilas
me arrebate de este insólito paraje de derrotas.
Soplar para encenderte como amapola en el prado,
salpicada por la plata de la luna.

Me quiero olvidar de lo que entiendo,
que traspases libre mi entramado que es la red donde naciste,
y te di forma entre mis manos.

Solo quiero volver al barro del que vengo.
El que da la fuerza a la simiente y afianza nuestros pasos vagabundos.
El que sostiene la secuoya y el tomillo y la espiga y la amapola.
Fértil manto de ti cuajado, de todas las "tú" que no conozco.

Sereno y húmedo como un manto.

domingo, 10 de mayo de 2009

Sufrimática

Hoy volaste, como te dije.
Y tus inundados ojos de ayer hoy destellan
como piedras negras, otra vez.
Y tu cuerpo:
curvas de mármol ajeno.
Mostrará su logaritmo,
reactivado por mi ausencia.

Pasarás por mis sentidos
como nunca antes,
transmutándote incansable.
Ofreciéndome mil formas
de calcularte.

domingo, 26 de abril de 2009

Prueba

En la esquina de la sorpresa hay un ojo de lágrima iris y púrpura.
Sobre el diván de los sueños transparentes el tiempo susurra canciones de cuna.
No te vayas nunca...no abandones.
No hay distancia ni camino, ni llanura despejada que separe nuestras almas.
Todo nos tiende a unir, a hacernos uno.
Porque no hay ni uno ni muchos.
Solo ese indescriptible.

domingo, 19 de abril de 2009

Cuento

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos -empezó el jóven.
- Y nos vamos a casar -dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo.
- Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.
- Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.
- Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor -repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

- Hay algo... -dijo el viejo después de una larga pausa-. Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa -dijeron los dos.
- Lo que sea -ratificó Toro Bravo.
- Bien -dijo el brujo-, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
- Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más bravía de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... Salgan ahora.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur...

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.
- ¿Volaban alto? -preguntó el brujo.
- Sí, sin dudas. Como lo pediste... ¿Y ahora? -preguntó el joven-. ¿Los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No -dijo el viejo.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne -propuso la joven.
- No -repitió el viejo-. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero...
Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.
El águila y el halcón intentaron levantar el vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

- Éste es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, VUELEN JUNTOS PERO JAMÁS ATADOS.

Jorge Bucay.

miércoles, 15 de abril de 2009

Encrucijada

Soledad, amiga ambigua.
Que en los rincones me esquivas
como la sombra al ocaso.
Que me prometes silencio y paz
donde ahora no hay sosiego.
Que me huyes con prudencia,
pero te dejas notar,
distante como la niebla
que no se puede tomar.
Te sugieres como ausencia,
como nada, solo como soledad.

Y yo, como aquél enamorado,
te deseo aunque te temo
y aunque te amo te detesto.
Y me acerco a tu cuerpo insostenible
para ver si me convienes.
Y mi boca paladea tus amargos desamparos
y tus golosos retiros.
Pero a través de tu puerta
no se ven más las praderas
donde crecieron los niños,
donde se hallaron las almas,
donde se pierde el camino...

martes, 7 de abril de 2009

Hoy y mañana

Está en la calle.
Flota en el aire un sentimiento de mudanza.
Mudanza del espíritu del hombre y de viejas estructuras.

Se enmiendan los antiguos formularios,
los colores de las letras,
los sonidos de las calles.

Y los hábitos sombríos de la costumbre se elevan con el viento
dejando ver el nutrido y milagroso cuerpo de los sueños.
Se anticipa como el húmedo olor de la tormenta.

Va bañando los rincones y las plazas,
los salones y los parques,
como el oro incendiario del ocaso.

Y en las cálidas pupilas de los locos
enarbola un destello de esperanza.