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lunes, 18 de febrero de 2013
Infinito
Solo puedo amarte
hasta donde tú me dejes.
Solo puedo amarte
hasta donde tú te ames.
Conócete, libérate, ámate
y mi amor será infinito.
sábado, 30 de junio de 2012
No sabes nada.
Oye niña,
escucha estas palabras
derramadas
que se me escapan del alma.
Tú no sabes nada.
No sabes aún que te quiero,
ni que te quise con fuerza
y te quise libre,
feliz,
sincera,
sin condición,
sin cadenas.
Te di un amor infinito
que no se dobla
no se arruga
no caduca
ni pierde su brillo
ni su frescura.
Pero aún tienes miedo
porque no sabes nada.
No sabes
que te busco en mi cama
y que todas las canciones
lloran nuestra historia,
y que me duelen las manos
de no tocarte
y los labios
de llamarte
en silencio.
Esperando que vuelvas,
sonriente,
a ser la niña de ayer,
que quiso que la quisiera.
que me quería querer.
Pero estás sola y lejana,
herida ,
arropada en tu dolor
antiguo.
Yo no quise creer que se acababa,
porque el amor no se acaba
ni se muere.
Pero la fuerza se escapa
y ya no puedo luchar
por tener y conservar
lo que no me pertenece.
domingo, 20 de mayo de 2012
Resucitando.
Ven a bañarte en mis ojos
y suelta el miedo.
Recuerda quienes somos
y mira al cielo.
No me abandono al dolor
ni sigo a dioses muertos.
Solo salgo de tu herida
como un anzuelo
para que el aire
puro
borre el dolor con el tiempo.
Mírame desde lejos,
yo aún te veo.
Lejos o cerca
te siento,
te llevo dentro.
No eres la flor
ni la fruta,
ni la rama del almendro
donde poso mi voz
o descansa mi cuerpo.
Eres todo y más que eso.
Sumérgete en el mundo
y nada,
en los mares del tiempo,
hasta encontrar
una isla
donde sentirte completa,
y que tu cuerpo respire
y tu alma
serena
cante al sol
y a la tierra
y entonces tus ojos vuelvan
a abrirse a la luna llena.
Quizá se borre mi imagen
de tu recuerdo dorado,
en el que eramos peces
nadando y volando,
libres y unidos
en un mar rizado.
Pero el dolor es fuego
y el amor estaño.
Y entre las cenizas,
tras la ira
me hallarás,
como un pájaro de plata,
resucitando.
y suelta el miedo.
Recuerda quienes somos
y mira al cielo.
No me abandono al dolor
ni sigo a dioses muertos.
Solo salgo de tu herida
como un anzuelo
para que el aire
puro
borre el dolor con el tiempo.
Mírame desde lejos,
yo aún te veo.
Lejos o cerca
te siento,
te llevo dentro.
No eres la flor
ni la fruta,
ni la rama del almendro
donde poso mi voz
o descansa mi cuerpo.
Eres todo y más que eso.
Sumérgete en el mundo
y nada,
en los mares del tiempo,
hasta encontrar
una isla
donde sentirte completa,
y que tu cuerpo respire
y tu alma
serena
cante al sol
y a la tierra
y entonces tus ojos vuelvan
a abrirse a la luna llena.
Quizá se borre mi imagen
de tu recuerdo dorado,
en el que eramos peces
nadando y volando,
libres y unidos
en un mar rizado.
Pero el dolor es fuego
y el amor estaño.
Y entre las cenizas,
tras la ira
me hallarás,
como un pájaro de plata,
resucitando.
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