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sábado, 30 de junio de 2012

No sabes nada.

Oye niña,
escucha estas palabras 
derramadas
que se me escapan del alma.

Tú no sabes nada.

No sabes aún que te quiero,
ni que te quise con fuerza
y te quise libre,
feliz, 
sincera,
sin condición,
sin cadenas.
Te di un amor infinito
que no se dobla
no se arruga
no caduca
ni pierde su brillo
ni su frescura.

Pero aún tienes miedo
porque no sabes nada.

No sabes 
que te busco en mi cama
y que todas las canciones
lloran nuestra historia,
y que me duelen las manos
de no tocarte
y los labios
de llamarte 
en silencio.
Esperando que vuelvas, 
sonriente,
a ser la niña de ayer,
que quiso que la quisiera.
que me quería querer.

Pero estás sola y lejana,
herida ,
arropada en tu dolor
antiguo.

Yo no quise creer que se acababa,
porque el amor no se acaba
ni se muere.
Pero la fuerza se escapa
y ya no puedo luchar
por tener y conservar
lo que no me pertenece.



jueves, 31 de mayo de 2012

Pequeña mía.

Vuelvo a bordar las palabras
de mi dolor a la estela
de una estrella que cayó.
No hay palabras,
no hay estrellas.

Vienen  lobos de tu ausencia
a ladrarme en la niebla
y mis ojos aúllan
a tus alas de seda.

Ya no quedan más espejos
donde romper mi alma
vagabunda,
hechizada,
honda como el laberinto,
oscura, extraña y opaca.

Vuelvo a vestirme de verde
y a mecer mis manos
y el dolor es viento
y es verano
y me hundo en la tierra
y respiro,
todo está aquí,
esto es todo.

Pero no estás tú
y yo te quiero.
Y mis dedos te recuerdan,
y te siento
palpitar en la distancia, 
doliendo,
y se me encoge el alma
y quiero borrar 
con un beso
la tristeza 
y la rabia 
y el dolor 
y la nostalgia
y cogerte la mano
y abrazar tu espalda
y juntar nuestras mejillas 
hacia la tarde dorada.

Pero el tiempo es fuego
y su llama
pura
deshace los nudos
de la locura.
Su aliento se lleva
lo sucio,
lo viejo,
y enciende la esencia,
lo puro, 
lo cierto.

Vamos a purificarnos,
pequeña mía,
en el fuego del tiempo.
Que consuma nuestros huesos
y nos deje huecos
para volver a llenarnos
de este amor eterno.