miércoles, 31 de diciembre de 2008

Gracias

Gracias a todos los que habéis seguido este espacio y me habéis apoyado con vuestras visitas desde que se creó.

Nos vemos el año que viene.




El Umbral Imaginario

Se giró frente a la puerta y esgrimió su sonrisa una última vez para todos. Un suspiro y una mirada triste conmocionaron a los presentes. Allí plantado, agitando la mano en alto, con la maleta en la mano, su apariencia era más hilarante que patética.

Y es que en realidad no había motivos para la tristeza y sí muchos para la alegría. La puerta rebosante de luz que le enmarcaba en su despedida era un mar infinito de posibilidades. Seguramente al cruzarla no notaría nada especial y todo parecería seguir siendo igual que antes, pero el universo entero ya conspiraba, a través de la puerta, para cumplir, uno a uno, todos sus deseos.

A él le embargaba la curiosidad, y estaba más que absorto imaginando qué habría mientras saludaba. Muchos le gritaban palabras de ánimo, aunque algunos también le insultaban y otros ni siquiera habían ido a despedirse. Tampoco importaba porque él no escuchaba nada. Ni siquiera estaba allí. Su imaginación volaba como un rayo entre bosques de helechos flotando en la niebla, riberas nocturnas donde se mira la luna, cumbres nevadas con vistas al desierto...

Volvió en sí sobresaltado, empujado por una ráfaga de viento que lo sacudió violentamente e hizo juguetear el cinturón de su gabardina.
-Ruge Mistral...- pensó, y sin dudar se sumergió en la luz y desapareció tras la puerta.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Pequeños Tesoros

Nada hay que hacer que no esté ya hecho.
Nada hay para mi que no sea para todos.
Nada hay de cotidiano en la rutina.

Todo es cambiante y nuevo a cada paso,
pero es siempre lo mismo, la misma esencia pura
que actúa en todo el universo.
Que lo integra y le da forma.

Que le confiere vida desde dentro
como la mano a la marioneta.


Metas

Tensa un arco hasta su límite y pronto se romperá;
Afila una espada al máximo y pronto estará mellada;
Amasa el mayor tesoro y pronto lo robarán;
Exige créditos y honores y pronto caerás;
Retirarse una vez la meta ha sido alcanzada es el camino de la Naturaleza

Tao Te Ching. Lao Tse.

martes, 23 de diciembre de 2008

Permenente Impermanencia

Solo la luz llovida del cielo te mostrará.
Solo la lluvia sagrada te empapará.
Solo el fuego del corazón te dará calor.
Y solo la tierra bendita podrá sostenerte.

Ni los ojos más agudos percibirán tu sombra
donde estés, permanente impermanencia.
Ni los oídos más finos sentirán tus cascabeles.
Pasarás de largo inadvertido,
sin dejar testimonio de existencia.

domingo, 21 de diciembre de 2008

De Nacimientos y Muertes

Como una balsa, el mar, tranquilo, no guarda ninguna criatura.
El viento vaga despacio, haciendo vibrar con suavidad los carámbanos de hielo en las ramas del abeto. Un sonido cristalino atraviesa el bosque blanco, un chasquido. Multiplicado por el silencio y el eco del bosque, en la distancia, se convierte en sinfonía de diminutas campanillas. Los cuervos, recortados contra el cielo, sobrevuelan el lugar donde convertirse en piedra. El carbón, oscuro, yaciendo en el lecho de la tierra espera paciente el momento de convertirse en llama. Y así todos los elementos esperan el momento de convertirse en otros. Pendidos del silencio frío de la nieve. Sentados en la alfombra blanca extendida en el claro del bosque, pintados en el cielo dibujando círculos o durmiendo los milenios engastados en la tierra. Todos van hacia ninguna parte. Girando eternamente en La Rueda de Nacimientos y Muertes.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Contracorriente.

Los hilos invisibles, los que sujetaban sus brazos, sus piernas, su cabeza. Los que le otorgaban movimiento, vida. Cayeron ondeando contra el aire. Muertos.

Poco a poco la oscuridad fue dejando paso a esa escala de azules y negros que sólo ven los gatos. Y tendido, yaciendo inerte en el suelo esperó que alguien tirara otra vez de esos hilos y volviera a llenarlo de energía e ingenio.

Pero tuvo que dejar de esperar, nadie vino a buscarlo.

Poco a poco, empezó a sentirse a gusto, cubierto por esa densa capa de oscuridad. Seguro en el fondo del cajón donde nadie lo hallaría, camuflado entre otros tantos muñecos sin vida. Pronto, sintió el deseo de moverse por si mismo, y liberarse de los hilos dictadores y de las manos ambiciosas, suplantadoras de sueños. Y un leve cosquilleo recorrió su roído cuerpo de madera y poco a poco se convirtió en un latido ensordecedor que ocupó, uno a uno, sus sentidos y le invadió por completo...