jueves, 26 de abril de 2012

Por los barrancos.

Silba el acero en el aire.
Muere el cristal en la piedra.
Los rumores se apagaron
bajo la niebla.

Ungiendo antiguos espacios
que el destino dejó huecos
danza el humo de la muerte
contra el silencio.

Llueven cenizas de olvido
cubriéndo los cuerpos frescos
que ayer latían salvajes
en su danza de fuego.

Cien barcas llenas de rosas
en la tormenta de hielo.
Un volcán que arrasa el mar
y escupe nubes de estiércol.
Un ballena varada,
desangrándose en el puerto.

Aún cabalgo sin ira
bajo el sol y las estrellas
y mis manos desnudas
cavan la tierra.

Caeré por los barrancos
si aferrarme a una nube
dejando atrás lo que quise
y lo que tuve.

Abandonaré mi cuerpo
devorado por la nada
para hundirme de nuevo
en tu cuerpo de plata.


jueves, 5 de abril de 2012

Kilómetros de luz


Kilómetros de luz
bañando la materia,
ungiendo de color,
vida y aroma.

Ríos de aire
anegan la nada.
Vibran a un son,
en danza salvaje,
como único cuerpo
pariendo el vacío.

Y una idea
como espada,
con el filo inteligente
de lo absurdo,
te amputa,
te escupe
contra el mundo
y te clava,
con su filo llameante,
a tu forma,
recortada de lo eterno.

Escapar  no es posible,
solo queda quedarse y deshacerse,
poco a poco,
como nubes.
Y levar el ancla
de los nombres,
de las formas,
de la mente que construyes.

No hay donde huir,
dónde guardarse,
solo en el mar
una gota,
un momento,
eterno.

martes, 20 de marzo de 2012

Sobre la nada.

Hoy el viento se ha llevado
algunas flores de almendro.

Un gorrión se ha detenido,
a beber del sol,
junto al arullo del río.

La savia fluye,
latidos de la tierra
al son de la primavera.

La lluvia levanta el olor
de la tierra sedienta
que canta aromas tibios
a la tormenta.

Todo cambia en un fluir
de constante impermanencia.
La materia, el devenir,
el latido, la conciencia...

Y yo, fijo maniquí
con la mirada seca.
Quiero romper esta cárcel
de ideas muertas.

Y vivir como la piedra
olvidada en la tierra
dedicandome a existir
con atenta indiferencia.

Vaciar mi barca
y soltar la cuerda.
Respirar y ser el aire,
ser bebido por el agua,
y observar en el tiempo eterno
flotando sobre la nada.

viernes, 24 de febrero de 2012

Reflejo del cielo.

Yo elegí este camino,
lejos del río y del pasto.
Un camino polvoriento,
austero y esquivo,
donde gastar mis pasos.

Preferí ondular
las cimas y los picos
y jugar a volar
con un pié en el abismo,
que allanar la hienda
gastada de la herencia,
donde sacudirme el polvo
y vestirme de seda.

Ahora bajo la montaña
por el antiguo sendero
hasta hundirme en el lago,
reflejo del cielo.

A la deriva en sus aguas,
como un bote vacío,
descansaré solitario
sobre el silencio infinito.

Cuando todo empieza

Puede que no valga la pena
escribir tan lejos de la poesía.
Todas las palabras
que te quiero decir
se me rompen enseguida.
No me quedan flores,
me arrancaron la raíz,
se pisaron las semillas.
Me di cuenta tarde
que te perdí
por pensar que te tenía.

Creo que los bares
se deben abrir
para cerrar las heridas.
Y todas las noches
me acuerdo de ti
y te olvido cada día.
Y vuelvo a ser un loco
para sobrevivir
a la locura de la vida.
Muchas veces la cabeza
y a menudo la nariz
y una voz que me decía:
Déjate llevar
si el alma te lleva.
Duele el corazón
cuando te lo dejas
cerca del final,
donde todo empieza.

Fito Cabrales

lunes, 13 de febrero de 2012

De tumbo en tumbo

Detén tus pies polvorientos
y alza la vista un segundo.
Hoy quiero mirar tus ojos
mientras observas el mundo.

Advierte las golondrinas,
el río rápido, el humo
tras las encinas,
el sol de la madrugada,
la risas blancas, lejanas,
de los niños en la campa.

El humillo del café,
un rato más en la cama,
ver el fuego,
oir llover,
sentarse sin hacer nada.

Arranquémonos la ropa
y las cadenas,
deslicémonos sin nada
por el mundo.
Pues nada más tenemos
que una vida
derramada gota a gota
de tumbo en tumbo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

No me odies.

Soy solo un niño
que lucha
por entender el mundo.
Cantan al viento
las huellas
de mis pies de humo.
Un animal encerrado,
en esta jaula vacía
de cristal velado.


Camino ciego,
intuyendo la senda
donde encontrarme contigo
sin pisar la tierra.

No me odies por quererte.
No me odies
por quererte demasiado.

Por abrir caminos anchos
en la tierra,
y soltarte la mano
y que avances sola.
Por vencer mis sombras
con la luz de la conciencia,
por apagar tu delirio
e iluminar tu inocencia.

No me odies porque vivir te duela,
que se nos clavan las agujas
del destino
y a bastonazos
nos herimos
buscando cómo amarnos,
sin destaparnos los ojos
para encontrarnos.