Salir de los marcos,
saltar las ventanas,
abiertas,
vacías.
Subir las persianas
pesadas,
de basto metal,
chirrían
antiguas.
Saltar los goznes
y hacerlas volar,
sin puertas,
sin techo.
Andar por el mundo,
vagar,
perder la senda,
jugar,
cambiar el rumbo,
borrarse en la niebla,
cantar en el río.
Sin origen
ni destino...
Como un crío.
lunes, 18 de junio de 2012
jueves, 31 de mayo de 2012
Pequeña mía.
Vuelvo a bordar las palabras
de mi dolor a la estela
de una estrella que cayó.
No hay palabras,
no hay estrellas.
Vienen lobos de tu ausencia
a ladrarme en la niebla
y mis ojos aúllan
a tus alas de seda.
Ya no quedan más espejos
donde romper mi alma
vagabunda,
hechizada,
honda como el laberinto,
oscura, extraña y opaca.
Vuelvo a vestirme de verde
y a mecer mis manos
y el dolor es viento
y es verano
y me hundo en la tierra
y respiro,
todo está aquí,
esto es todo.
Pero no estás tú
y yo te quiero.
Y mis dedos te recuerdan,
y te siento
palpitar en la distancia,
doliendo,
y se me encoge el alma
y quiero borrar
con un beso
la tristeza
y la rabia
y el dolor
y la nostalgia
y cogerte la mano
y abrazar tu espalda
y juntar nuestras mejillas
hacia la tarde dorada.
Pero el tiempo es fuego
y su llama
pura
pura
deshace los nudos
de la locura.
Su aliento se lleva
lo sucio,
lo viejo,
y enciende la esencia,
lo puro,
lo cierto.
Vamos a purificarnos,
pequeña mía,
en el fuego del tiempo.
Que consuma nuestros huesos
y nos deje huecos
para volver a llenarnos
de este amor eterno.
domingo, 27 de mayo de 2012
Me faltas.
Viene el silencio tronando,
apagando los ecos
y el aire huele a vacío
y a nuevo,
a metal frío y a tierra.
Todo sigue.
Los planetas
en su devenir eterno,
las estrellas,
los torrentes y los ríos,
las nubes y las tormentas.
Una lágrima canta
al dolor antiguo,
mas allá de mi
no existe la nada.
Comer,
reír,
caminar,
vivos o muertos,
nada se acaba,
no se detiene.
Viene el silencio
a tragarse
los abismos,
las fallas,
que me separan
de este instante eterno,
donde no falta nada.
domingo, 20 de mayo de 2012
Resucitando.
Ven a bañarte en mis ojos
y suelta el miedo.
Recuerda quienes somos
y mira al cielo.
No me abandono al dolor
ni sigo a dioses muertos.
Solo salgo de tu herida
como un anzuelo
para que el aire
puro
borre el dolor con el tiempo.
Mírame desde lejos,
yo aún te veo.
Lejos o cerca
te siento,
te llevo dentro.
No eres la flor
ni la fruta,
ni la rama del almendro
donde poso mi voz
o descansa mi cuerpo.
Eres todo y más que eso.
Sumérgete en el mundo
y nada,
en los mares del tiempo,
hasta encontrar
una isla
donde sentirte completa,
y que tu cuerpo respire
y tu alma
serena
cante al sol
y a la tierra
y entonces tus ojos vuelvan
a abrirse a la luna llena.
Quizá se borre mi imagen
de tu recuerdo dorado,
en el que eramos peces
nadando y volando,
libres y unidos
en un mar rizado.
Pero el dolor es fuego
y el amor estaño.
Y entre las cenizas,
tras la ira
me hallarás,
como un pájaro de plata,
resucitando.
y suelta el miedo.
Recuerda quienes somos
y mira al cielo.
No me abandono al dolor
ni sigo a dioses muertos.
Solo salgo de tu herida
como un anzuelo
para que el aire
puro
borre el dolor con el tiempo.
Mírame desde lejos,
yo aún te veo.
Lejos o cerca
te siento,
te llevo dentro.
No eres la flor
ni la fruta,
ni la rama del almendro
donde poso mi voz
o descansa mi cuerpo.
Eres todo y más que eso.
Sumérgete en el mundo
y nada,
en los mares del tiempo,
hasta encontrar
una isla
donde sentirte completa,
y que tu cuerpo respire
y tu alma
serena
cante al sol
y a la tierra
y entonces tus ojos vuelvan
a abrirse a la luna llena.
Quizá se borre mi imagen
de tu recuerdo dorado,
en el que eramos peces
nadando y volando,
libres y unidos
en un mar rizado.
Pero el dolor es fuego
y el amor estaño.
Y entre las cenizas,
tras la ira
me hallarás,
como un pájaro de plata,
resucitando.
jueves, 26 de abril de 2012
Por los barrancos.
Silba el acero en el aire.
Muere el cristal en la piedra.
Los rumores se apagaron
bajo la niebla.
Ungiendo antiguos espacios
que el destino dejó huecos
danza el humo de la muerte
contra el silencio.
Llueven cenizas de olvido
cubriéndo los cuerpos frescos
que ayer latían salvajes
en su danza de fuego.
Cien barcas llenas de rosas
en la tormenta de hielo.
Un volcán que arrasa el mar
y escupe nubes de estiércol.
Un ballena varada,
desangrándose en el puerto.
Aún cabalgo sin ira
bajo el sol y las estrellas
y mis manos desnudas
cavan la tierra.
Caeré por los barrancos
si aferrarme a una nube
dejando atrás lo que quise
y lo que tuve.
Abandonaré mi cuerpo
devorado por la nada
para hundirme de nuevo
en tu cuerpo de plata.
Muere el cristal en la piedra.
Los rumores se apagaron
bajo la niebla.
Ungiendo antiguos espacios
que el destino dejó huecos
danza el humo de la muerte
contra el silencio.
Llueven cenizas de olvido
cubriéndo los cuerpos frescos
que ayer latían salvajes
en su danza de fuego.
Cien barcas llenas de rosas
en la tormenta de hielo.
Un volcán que arrasa el mar
y escupe nubes de estiércol.
Un ballena varada,
desangrándose en el puerto.
Aún cabalgo sin ira
bajo el sol y las estrellas
y mis manos desnudas
cavan la tierra.
Caeré por los barrancos
si aferrarme a una nube
dejando atrás lo que quise
y lo que tuve.
Abandonaré mi cuerpo
devorado por la nada
para hundirme de nuevo
en tu cuerpo de plata.
jueves, 5 de abril de 2012
Kilómetros de luz
Kilómetros de luz
bañando la materia,
ungiendo de color,
vida y aroma.
Ríos de aire
anegan la nada.
Vibran a un son,
en danza salvaje,
como único cuerpo
pariendo el vacío.
Y una idea
como espada,
con el filo inteligente
de lo absurdo,
te amputa,
te escupe
contra el mundo
y te clava,
con su filo llameante,
a tu forma,
recortada de lo eterno.
Escapar no es posible,
solo queda quedarse y deshacerse,
poco a poco,
como nubes.
Y levar el ancla
de los nombres,
de las formas,
de la mente que construyes.
No hay donde huir,
dónde guardarse,
solo en el mar
una gota,
un momento,
eterno.
martes, 20 de marzo de 2012
Sobre la nada.
Hoy el viento se ha llevado
algunas flores de almendro.
Un gorrión se ha detenido,
a beber del sol,
junto al arullo del río.
La savia fluye,
latidos de la tierra
al son de la primavera.
La lluvia levanta el olor
de la tierra sedienta
que canta aromas tibios
a la tormenta.
Todo cambia en un fluir
de constante impermanencia.
La materia, el devenir,
el latido, la conciencia...
Y yo, fijo maniquí
con la mirada seca.
Quiero romper esta cárcel
de ideas muertas.
Y vivir como la piedra
olvidada en la tierra
dedicandome a existir
con atenta indiferencia.
Vaciar mi barca
y soltar la cuerda.
Respirar y ser el aire,
ser bebido por el agua,
y observar en el tiempo eterno
flotando sobre la nada.
algunas flores de almendro.
Un gorrión se ha detenido,
a beber del sol,
junto al arullo del río.
La savia fluye,
latidos de la tierra
al son de la primavera.
La lluvia levanta el olor
de la tierra sedienta
que canta aromas tibios
a la tormenta.
Todo cambia en un fluir
de constante impermanencia.
La materia, el devenir,
el latido, la conciencia...
Y yo, fijo maniquí
con la mirada seca.
Quiero romper esta cárcel
de ideas muertas.
Y vivir como la piedra
olvidada en la tierra
dedicandome a existir
con atenta indiferencia.
Vaciar mi barca
y soltar la cuerda.
Respirar y ser el aire,
ser bebido por el agua,
y observar en el tiempo eterno
flotando sobre la nada.
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